EL REGALO DE LOS REYES: No:57
El incienso y su aromas,
me vuelven otra persona;
alegre, locuaz, abierto,
y dueño del firmamento.
Oye, Gaspar, dame un poco,
lo encenderé muy devoto;
cobijaré al Dios nacido,
no sentirá, ya mas frío.
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La mirra con su fragancia,
aroma es de elegancia;
elevando los sentidos,
a paraísos perdidos.
Oye, Melchor, dame algo,
te mostraré lo que valgo;
y con tu mirra quemando,
al niño le voy cantando.
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El oro, no es lo que brilla,
dice una vieja estribílla;
es un fulgor que perfora,
corazones y personas.
Baltazar, duda no hay,
de tus riquezas benditas;
dame mucho de estas cuítas,
para mi niño adornar.
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Con incienso, mirra y oro,
adorasteis a ese niño;
el verdadero tesoro,
era el cofre del cariño.
Lo llenaron a granel,
María y San José;
el burro y el buey también,
y una fulgurante estrella,
entre todas, "la mas bella "-
Humberto Restrepo.
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