FIRMEZA:   No:49


El malándro bebía, se sentía tranquilo y seguro en aquel escondido antro, que esa noche estaba a reventar.

Solo, sin compartir, festejaba la culminación de un buen golpe; el malándro no tiene amigos, ni amantes

que lo busquen en las noches, no da cuentas a nadie, vive y muere solo, es su " ley ", se decía para si.

La llegada del cantinero interrumpió su cavilar, traía una botella de un ron nuevo, la puso sobre la mesa

diciéndole, es antillano, va por la casa, espero te guste, lo probé y es bueno.

Destapó la botella sirviéndose un buen trago, cató el licor y se dijo, en verdad es bien bueno; y sin darse

cuenta en poco tiempo, había apurado mas de la mitad.Comenzaba a sentir los efectos del licor; veía mas

oscuro el lugar y a la gente desplazarse con lentitud, fijó entonces la vista en la botella, algo blanco se

agitaba dentro, la acercó a los ojos divisando una pequeña figura de aspecto humano que le hacía señas

para que la sacara.

Así lo hizo, un diminuto ser con cabeza, piernas, manos y alas se movía entre sus manos y le hablaba

presentándose: no tengo nombre, digamos que soy un Ángel/Genio o un Genio/Ángel, como quieras tu

verlo. Como ángel, no he venido a redimirte y como genio, te voy a conceder tres deseos, con los que

espero al concedértelos, hagas lo que el ángel espera.

No lo pensó dos veces el malándro y soltó su petición.

Uno, que las balas no me hagan ningún daño.

Dos, que mis riquezas, pesen mas que las de otros.

Tres, que nadie sepa, ni el como, ni el cuando, ni el donde, muera.

Así será, concedidos son; te dí la oportunidad de variar la ruta, que se cumplan.

Tiempo después asaltó un blindado que transportaba una tonelada en barras de oro; se enfrentó solo

a cinco custodios huyendo ileso y adentrándose en la ruta montañosa que bordea el lago, donde sabía

era imposible seguirlo, aceleró el vehículo a lo que daba. Comenzó una ligera llovizna, convertida a

poco en chubasco, nula era la visibilidad, el agua la impedía; y en una cerrada curva perdió el control,

deslizándose sobre las peñas del barranco, cayendo al fondo del oscuro abismo hundiéndose en el

fangoso fondo con rapidez debido al peso del oro. Nadie supo mas de el, la lluvia pertinaz, borró todo

rastro..


Humberto Restrepo.



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