DIA A DIA No:07
Amanecer de la existencia y NADA,
ya nada se vislumbra en lo lejano;
el puente levantose ante el hermano,
y en el aire las aves,van sin ramo.
Amanecer, el nuevo día llega,
el siervo y el obrero están en brega;
mucho antes que el alba se asomara,
con su tupido velo y su faz de cimitarra.
Amanecer,el nuevo día avanza,
el hijo de los campos ya descansa:
bajo la fresca sombra del arbusto,
el brazo que la tierra,labora con disgusto.
Atardecer,el nuevo día cae,
el hacha ya descansa y el pecho se contrae:
emprendese el camino,bajo el ardiente sol,
silbando amargamente, la única canción.
Atardecer,el nuevo día muere,
observase en silencio,aquello que se quiere;
los frutos los trigales,los grande cafetales,
y la vetusta mesa,con hambres ancestrales.
Atardecer,el nuevo día huye.
un muro de recuerdo,en torno se construye;
comienzan los reinados del sapo y la luciérnaga,
y es el confín lejano, un corazón que enferma.
Atardecer, de pálida negrura
de vientos aromados y grillos con su tuna;
de naranjos rojizos y abejas fatigadas,
de frío sepulcral, de magos y de hadas
Anochecer, de la existencia y TODO,
el arca de los sueños ya se abre;
pálida está la luna sobre el lodo,
y el famélico can,ladre, que ladre.
Ya duerme el mundo y duermese la gloria,
descansan de su lucha, el brazo y la memoria;
el corazón amante y la novia se despiertan,
a bañarse de aire y embriagarse de huerta
Humberto Restrepo.
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